¡Sí se puede! ¡Sí se puede! y ¡Sí se pudo! La afición respondió y fue ese jugador número 12 que tanto pedían los futbolistas rojiblancos en la cancha.
Fue un partido intenso, que se vivió en la cancha y en la tribuna. Emoción, suspenso, sufrimiento, júbilo. Los privilegiados que acompañaron anoche al equipo barranquillero en el estadio Metropolitano no olvidarán nunca esta semifinal de Liga Postobón II antes Millonarios, un equipo que se sintió clasificado, pero que se fue con las manos vacías y cabizbajos de La Arenosa.
Desde que salieron del túnel de vestuarios a calentar en el gramado del Metro, los jugadores embajadores sintieron la presión de una hinchada que vino dispuesta a dejar el alma en las tribunas.
El árbitro Luís Sánchez dio inicio al juego y la emoción y la expectativa se apoderaron de los cerca de 30 mil espectadores que asistieron al ‘Metro’.
El ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! se escuchó con más intensidad que nunca. En la cancha los jugadores se sintieron arropados por su afición y lo demostraron saliendo a devorar desde el pitazo inicial.
Juan David Valencia cobró un tiro libre al minuto 14 y vibró Metro con el grito de: “¡Gooooolllll”. Fue un canto de fe y de esperanza. Ese gol abrió la esperanza de una clasificación histórica.
Con el 1-0 a favor, el público apoyó con más intensidad. El tiempo pasaba y Junior buscaba desesperadamente ese segundo gol que los dejara a un pasito de la gloria.
Carlos Bacca se perfiló por sector derecho, metió un centro a media altura, Vladimir Hernández se lanzó en medio de dos defensores y cabeceó para vencer la resistencia del arquero Nelson Ramos.
Todo pasó en contados segundos que la afición vivió en suspenso total, hasta ver inflada por segunda vez la red embajadora.
“¡Golazooo!, ¡golazooo! ¡cantalooo cachacooo!”, le gritó un hincha emocionado a un representante de la prensa capitalina que llegaron a Barranquilla ilusionados con la clasificación del equipo albiazul.
Al término del primer tiempo la afición, emocionada, creía más que nunca en la clasificación. “Esto lo volteamos, papá”, aseguró un hincha. “Se van a quedar sin final bogotana, estoy seguro”, afirmó otro aficionado. “El que ríe de último ríe mejor”, contestó un tercero.
El segundo tiempo fue más intenso y se vivió con mucha pasión que el primero. El deseo de tener cerca el objetivo aumentaba la adrenalina en la tribuna.
Los minutos pasaban y el gol no llegaba. Junior jugaba mejor, dominaba, pero no tenía la claridad suficiente para definirlo.
Los hinchas comenzaban a comerse las uñas, se secaban el sudor, tragaban entero con cada aproximación.
Al minuto 65, la paz y el júbilo llegó al Metro. Golazo de Giovanni Hernández, del ídolo, del capitán, de un jugador que se reencontró con el gol en el mejor escenario posible.
Los minutos pasaron y el final del juego llegó. Los penaltis se vivieron en medio de una unión ejemplar. Todos abrazados le inyectaron seguridad a cada uno de los jugadores que cobraron sin miedos y con mucho talento.
La atajada de Viera abrió una tanda intensa, que terminó con el grito a todo pulmón de: ¡Sí se pudooo!


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